"It is not the answer that enlightens, but the question."
Eugene Ionesco.
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martes, 7 de julio de 2015

FACEBOOK vs. YOUTUBE: Cómo monetizar video online

Enlazo hoy desde aquí un brillante post de Alfredo Peña (ver aquí), mi socio en THE ONLINE VIDEO STUDIO, sobre el nuevo programa de monetización de video por parte de Facebook y su comparativa con el de YOUTUBE.

Como todos saben, YOUTUBE es hoy día no sólo la primera plataforma de vídeo del mundo, sino también el segundo buscador (después de Google) y la segunda Red Social (después, de Facebook). YOUTUBE comparte con sus “partners” (=todo aquel que suba un vídeo y quiera monetizarlo) los ingresos publicitarios que generen los visionados de publicidad de sus vídeos, lo que no sólo ha sido un negocio de pingües beneficios sino también toda una revolución, que ha venido a democratizar el proceso de generación y publicación de contenidos audiovisuales. Gracias a YOUTUBE, cualquiera pueda crear vídeo y ponerlo a disposición de millones de usuarios en todo el mundo.

Recientemente, FACEBOOK ha lanzado un programa similar que debe permitir a los usuarios publicar vídeos en la plataforma y monetizarlos. Sin embargo, las características de FACEBOOK no son las mismas que las de YOUTUBE.

¿Qué diferencias existen para publicar y monetizar video en ambas plataformas?

¿Qué implicaciones tiene para los creadores, para las marcas y para la audiencia? 

¿Qué estrategia es la óptima en cada caso?

Las contestaciones a estas preguntas, y más aspectos relevantes, pueden encontrarse en el post de THE ONLINE VIDEO STUDIO.

martes, 9 de junio de 2015

Sexo, mentiras y videos (virales)


Kendra Moriah es una cantante indie californiana bastante desconocida (con perdón). La verdad es que no canta mal y es una chica bastante atractiva. Yo diría que reúne las características imprescindibles para que los publicistas musicales se fijen en ella. A partir de ahí, los factores que pueden determinar su éxito o fracaso son innumerables, siendo lo más probable que jamás pase de ser una cantante más con unos cuantos miles de incondicionales. Pura estadística: la competencia es inmensa y feroz.

Creo que jamás hubiera escrito nada sobre Kendra de no ser por casualidad. Resulta que esta chica tiene, desde 2011, un canal en Youtube donde cuelga los videos de sus canciones y alguna otra cosa. Los suscriptores no llegan a 2.000 (a la fecha) y ninguno de sus videos obtiene más allá de unos pocos de miles de visionados (raro el que pasa de 4.000). Nada muy diferente a lo que cualquier cantante aficionado con unos cuantos amigos conseguiría de forma relativamente fácil.

Y sin embargo, un día, ¡boooom!: uno de sus vídeos se convierte en un hit de Youtube (ya va por unos 7 millones de visionados, y subiendo). Sin embargo, no es un vídeo musical. La historia es casi  inverosímil (de puro sencilla): Kendra estaba un día en la playa con su perro y un amigo y el animal se puso a jugar con el cordón del top del bikini de la chica. Lo demás responde a la algorítmica magia de Youtube y su curiosa audiencia. El resultado, en cualquier caso, no es otro que lo que tantos intentan vender como el producto estándar del marketing online: un video “viral”.

La “viralidad” es, sin lugar a dudas, el argumento más vendido por agencias y consultoras de comunicación. El mensaje más transmitido es el de: usted, cliente, gracias a nuestros servicios, conseguirá realizar el siguiente video viral. Y, la verdad, es que hay que reconocer que resulta difícil sustraerse a semejante planteamiento. ¿Acaso hay alguien que no quiera un éxito fácil e inmediato? Ejemplos como el de Kendra, aún provocan una confusión mayor: si una chica mona, en la playa, con un perro y un vídeo casero es capaz de esto, qué no será capaz de hacer una agencia con buenos creativos y un presupuesto nutrido.

Sin embargo, esto no deja de ser, una vez más, otro caso más del “espejismo de la lotería”. Recuerdo que mi profesora de matemáticas decía algo como que, cuando jugamos a la lotería, en realidad compramos “la ilusión de poder ser ricos” porque, en realidad, si valoramos estadísticamente la probabilidad de que nos toque un gran premio en un juego de azar masivo, comprobaremos que esta es infinitesimal. Sin embargo, seguimos jugando animados por el ejemplo de los premiados y borrachos por las cifras que se manejan. De hecho, aunque incrementemos sustancialmente nuestra apuesta, las probabilidades siguen siendo demasiado pequeñas. Como inversión, la lotería es, probablemente, la peor que existe (aunque también, casi la única al alcance de mucha gente).

Intentar generar el siguiente video viral es algo parecido. No solo no hay ninguna garantía de poder conseguirlo sino que, además, su utilidad es más que discutible: el siguiente vídeo de Kendra (este ya musical) no va ni por los 2.000 visionados. Aparte de su minuto de gloria, no se ha creado nada duradero ni sólido, ni parece que su carrera musical haya tenido un impulso muy significativo.

El marketing de video online tiene sus propios códigos y mecánicas. La viralidad no deja de ser un efecto espectacular, pero habitualmente es algo efímero y poco productivo (además de esquivo y sin garantías). Pero entonces… ¿cuál es el planteamiento correcto? ¿Cómo obtener la relevancia adecuada en este nuevo medio?

Me temo que la respuesta (por mucho que esto suponga discrepar de muchos gurús del universo online) no sea otra que la de aplicar la constancia y la técnica, dando forma a una estrategia de largo plazo con objetivos, planes y acciones. En realidad, nada distinto de lo que cualquier director de marketing haría si pensara en un medio tradicional.

La posibilidad de obtener resultados en el mundo online no ha de dejarse al mero azar. La tentación de querer lanzar “el próximo video viral” puede ser muy fuerte, pero no es la forma adecuada de abordar la presencia de una marca en un medio que cada vez es más importante.

Por otra parte, los códigos y la utilidad del universo online van más allá de intentar obtener una repercusión inmediata y espectacular. En la mayoría de los casos, se puede comprobar que los “aventureros” de la viralidad descuidan los aspectos clave del medio online, como por ejemplo:
  • ¿si le buscan, le encuentran fácilmente?
  • ¿aparece su marca entre los principales resultados?
  • ¿qué ocurre cuando buscan el producto genérico o la categoría donde se engloba su marca?
  • ¿hay “otros” que le están haciendo la comunicación online que usted debería controlar?...

Como siempre, los espejismos pueden ser muy atractivos y sugerentes, pero no hay que dejarse engatusar por ellos. Todo es siempre mucho más complejo de lo que parece y, los resultados demasiado espectaculares, suelen ser, o fruto del azar o, sencillamente, falsos.


NOTA: En The Online Video Studio, ayudamos a las marcas y empresas a establecer estrategias eficaces de video  online que van más allá de lanzar el próximo video viral. Pinchar aquí para más información.

martes, 4 de noviembre de 2014

El electricista inconformista (o cómo una estrategia de vídeo online puede cambiar su destino)

Ni grandes gurús extranjeros ofreciendo sus secretos de gestión, ni conceptos disruptivos acuñados en algún centro tecnológico internacional ni cambios revolucionarios de ningún intocable paradigma empresarial. La historia de negocios que voy a contar a continuación es muy sencilla y, sin embargo, creo que ejemplos así, resultan mucho más cercanos y aplicables para cualquier gestor o empresario que las últimas estrategias de Apple para capturar valor en el mercado global de la tecnología de consumo.


Esta es la modesta historia de Manuel, un electricista de Granada que se cansó un buen día de trabajar para otros por un sueldo mileurista y decidió montárselo por su cuenta, abriendo una pequeña tienda de instalaciones eléctricas. Hasta aquí, todo muy trivial: un negocio más de un profesional indiferenciado en una ciudad pequeña de Andalucía. Cualquiera pensaríamos que, si le da para sobrevivir (sobre todo, en medio de la crisis de los últimos años), ya puede considerarlo un éxito.

Pero Manuel no sólo es un buen técnico instalador, es una de esas personas a las que yo admiro enormemente por su enorme creatividad para explotar los recursos a los que tienen acceso. Como escuché una vez decir a Poli Rincón, aquel extraordinario futbolista bético de los 80: “no se trata de qué cartas te dé la vida, sino de cómo seas capaz de jugar las que te han tocado”.

Pues bien, lejos de quedarse detrás de su mostrador a esperar que los clientes vayan entrando en su modesta tienda, Manuel ha montado toda una estrategia online para dar a conocer lo que hace y cómo lo hace. Para ello, su empresa, DomoElectra, tiene un canal en Youtube con más de 25.000 suscriptores (se dice pronto). Algunos de sus vídeos, con títulos tan directos como “Cómo bajar la potencia contratada en el recibo de la luz”, acumulan más de ¡¡200.000 visionados!!

No es de extrañar que Manuel acuda frecuentemente a ofrecer sus consejos en cadenas de radio e, incluso, en Canal Sur. DomoElectra completa su presencia online con un blog, una app para teléfonos Android y es activo en Facebook, Twitter y Google +- Si entran en su web, podrán también acceder a su tienda de suministros online y comprar cualquier cosa dentro de un amplio abanico de productos electrónicos, que le será enviada a su casa con total comodidad.


Cómo diferenciarse con una estrategia de video online

DomoElectra ha conseguido convertirse en una empresa mucho más sólida, relevante e importante de lo que le hubiera correspondido por su tipo de negocio, capital invertido y localización geográfica: todas sus circunstancias indicaban que DomoElectra no sería otra cosa que otra tienda de barrio más; la visión y el empuje de Manuel y sus socios, junto con las decisiones correctas sobre cómo usar todo un universo de herramientas online a disposición de cualquiera, han conseguido que DomoElectra ahora sea capaz de vender en otras provincias y regiones toda una diversificada  cartera de productos, habiendo encontrado un posicionamiento competitivo muy atractivo y diferencial. Y todo con unos costes absolutamente asequibles para cualquiera.

En este mismo momento en el que escribo este post, casi cualquier negocio orientado hacia el consumidor (e incluso muchos B2b) que quiera diferenciarse de sus competidores, debería pensar en disponer de una adecuada estrategia de vídeo online. Ya no se trata solo de tener un perfil abierto en un par de redes sociales (es alarmante la cantidad de empresas que funcionan así, gestionando su comunicación online los fines de semana y abandonándolo varios meses al año o cuando el encargado “digital” abandona la empresa). No. Si de verdad se quieren resultados cuantificables, es necesario desarrollar una estrategia completa y sistemática.

Para ello, lo primero consiste en responder a una serie de cuestiones cruciales: cuál es el posicionamiento de la compañía o el negocio, cuál es su público objetivo, qué se quiere comunicar, cómo deber comunicarlo, cuándo debe hacerlo (la frecuencia y el momento de las publicaciones de vídeo online son fundamentales) y dónde (no sólo de Youtube vive el hombre). Todo ello, además, debe ser analizado a la luz de su mercado potencial, el posicionamiento de sus competidores y las mejores prácticas del mercado, así como la relación adecuada con sus clientes a través de las redes sociales.

Después, hay que trazar un plan serio y eficaz de gestión, con el fin de evitar precisamente, la tentación de abandonar la comunicación online a la primera de cambio (no hay nada que ofrezca peor imagen de una empresa que una web, un canal o una red social desatendida o abandonada). Como digo, implementar estas herramientas está al alcance de casi todos los bolsillos, y suele haber diferentes modelos de colaboración con los profesionales que se dedican  a estos menesteres. Para DomoElectra, por ejemplo, la gestión de sus vídeos en Youtube no tiene ningún coste fijo.


Ya no se trata de estar o no estar, sino “cómo” hacerlo de manera eficaz.

En muy poco tiempo, no habrá ninguna opción; el negocio que no esté presente online con una adecuada estrategia de vídeo, sencillamente habrá dejado de tener un escaparate en una de las calles comerciales más concurridas.

En el siguiente gráfico de MediaRadar, puede apreciarse el espectacular crecimiento, en tan solo un año, en el número de marcas que publican anuncios de vídeo online. Como puede verse, el crecimiento es un hecho en todos los sectores.




La publicidad online es solo la punta del iceberg  pero prueba la imparable tendencia a comunicar a través de este canal. Y como se demuestra en el caso de DomoElectra, la comunicación a través de vídeo online tiene muchas más opciones que el consabido emplazamiento publicitario.

Las cartas, como decía Rincón, han sido repartidas. La gran oportunidad consiste en el hecho de poder jugarlas, de haber sido invitado a la partida. Cualquiera que tenga un negocio, algo que comunicar o que vender, tiene una silla en este juego. Ahora es el momento de hacer las apuestas o, quizá, retirarse de la mesa.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Tribo TV o la reinvención de la rueda...pero… ¿puede funcionar?

Que con la que ha caído estos años en el sector audiovisual tradicional sigan apareciendo aventureros dispuestos a dedicar su tiempo y su dinero a intentar redefinir el escenario de juego, resulta casi conmovedor (a la vez que sorprendente). Tal es el caso de TriboTV, el nuevo canal de televisión que ha comenzado a emitir en varias frecuencias locales de Madrid y a través de Euskaltel.

Lo cierto es que no se puede negar la originalidad (yo diría que casi bizarría) de la propuesta: se trata de un canal realizado a base de piezas de creadores amateurs que habitualmente cuelgan sus contenidos en la plataforma Youtube (los conocidos como “youtubers”). A primera vista, las imágenes sorprenden por la baja calidad de su realización, extraordinariamente lejos de los niveles que estamos acostumbrados a ver en un canal de televisión. En definitiva, no podemos olvidar que la mayoría de estas piezas están hechas con cámaras de aficionado en cualquier piso o garaje, con iluminación de circunstancias y audio de andar por casa. El quid de la cuestión es que casi todos estos “creadores” vienen acompañados por cientos de miles de seguidores que no se pierden ni uno de sus vídeos en Youtube.

Dicho así, esto de Tribo TV no parece ninguna mala idea. Se trata en realidad de “fusilar” el modelo de agregador de larga cola (long tail) que tan bien ha funcionado a Youtube: si los creadores me dan el contenido gratis (esto que en un canal tradicional es la principal fuente de coste), yo me dedico a emitirlo y a vender publicidad. El negocio parece servido. ¿O no?


Youtube killed TV star?

A pesar de todos los eslóganes rimbombantes  que se lanzan a diario sobre la muerte de la televisión tradicional, hay que reconocer que se trata de un muerto que aún goza de una salud envidiable, refrendada por sus millonarias audiencias y confirmada por la recuperación publicitaria que está experimentando en los últimos meses.

No obstante, y como era lógico, la explosión de internet ha ido poco a poco erosionado la atención casi exclusiva que los espectadores le prestaban antaño. Entre los públicos más jóvenes, lo de sentarse a ver la tele durante una o dos horas, sin ninguna otra ocupación, es ya cosa del pasado.

La llamada generación de los Millenials (aquellos que ahora están entre los 20 y los 35 años) supondrá el 75% de la fuerza laboral del mundo en el año 2025 (es decir, a la vuelta de la esquina) y, por tanto, tomarán las principales decisiones de consumo. Sus patrones de conducta a día de hoy no dejan lugar a dudas: de promedio pasan tres horas y media usando dispositivos móviles o computadoras, mientras que a la televisión tradicional sólo le dedican hora y media (lejos del consumo medio del conjunto de la población, que suele superar con creces las tres horas a nivel global). Además, dos tercios de los Millenials confiesan que cuando ven la televisión, realizan a la vez otras actividades, como participar en redes sociales.

Otro de los patrones protagonizados por este grupo de edad es el de la generación de sus propios contenidos: aproximadamente el 30% del tiempo que pasan online, lo dedican a crear su propio contenido, ya sean blogs, webs, reviews o vídeos. Con respecto a esto último, actualmente se suben a Youtube 13 millones de horas (el equivalente a unas 20 vidas) por mes

Con todas las cifras en la mano, sigo pensando que parece muy exagerado dar por muerta a la televisión tradicional, pero también resulta evidente que el grupo demográfico que copará los puestos de responsabilidad en una década, concede cada vez menos atención al medio televisivo.


Comprar en Zara o en la tienda de al lado

Es bien cierto que los negocios capaces de romper moldes y obtener rendimientos superiores a la media de sus industria son aquellos que consiguen redefinir alguna (o todas) las reglas del juego logrando así una ventaja competitiva sostenible. Los casos modernos son de sobra conocidos: Microsoft, Starbucks, Apple, Abercrombie, Google, Zara… Precisamente porque desafiar la ley de la gravedad está al alcance de pocos, aquel que lo consigue, vuela por encima de todos los demás.

Volviendo al caso de Tribo TV, hay que reconocer que la idea es curiosa: conscientes de que los anunciantes que quieren impactar adecuadamente a los Millenials (y a la generación que les sigue…) han de recurrir necesariamente a las redes sociales y empezar a hablar el lenguaje propio de estos grupos, los creadores de Tribo TV han pensado que por qué no volver a traer a ese público a la televisión con un canal hecho con los contenidos que les gustan (y aquí, lo más asimilable son los vídeos de Youtube). Además, esos contenidos son generados por la propia audiencia, con lo que se elimina la práctica totalidad del coste de programación. Una vez capturada esa audiencia, los anunciantes acudirán como moscas al panal de rica miel. Dicho así, parece redondo.

Pero intentemos analizar la propuesta con un ejemplo: imaginemos por un momento que no estamos hablando de televisión, sino de tiendas de moda. Haciendo una traslación, lo que un modelo como Tribo pretendería no es otra cosa que abrir una tienda al lado de un Zara para vender la misma ropa que vende Zara y al mismo precio. Usted, cliente habitual de Zara, decide probar un día en esta nueva tienda que parece tan buena idea (en definitiva ¿no es la ropa que a usted le gusta?). Sin embargo, pronto se da cuenta que, aunque se trata de la misma ropa, usted no puede elegirla sino que es el dependiente el que le vende la que a él le parece mejor, sin importarle siquiera su sexo o su talla. ¿Dónde acudirá usted la próxima vez que quiera comprar ropa de Zara?

El  gran éxito de Youtube es que es un negocio absoluto de long tail, donde el valor añadido está en la agregación masiva de contenido para poder servirlo individualmente en cualquier momento. Ni siquiera está en el propio contenido, que en su inmensa mayoría, es incapaz de competir en calidad con el que emiten las televisiones. Mientras que Youtube es un negocio de “muchos pocos”, es decir, de generar audiencias masivas con las pequeñas audiencias acumuladas de innumerables vídeos, la Televisión es uno de “pocos muchos”, es decir, de generar audiencias masivas con un único programa.


Otra vez la televisión local

Ya he comentado en este mismo blog en diferentes ocasiones el fracaso absoluto que supuso el lanzamiento de la televisión local en España. Recientemente se lanzó una propuesta local en Reino Unido (que también comentamos) y que parece que lleva un camino similar al español.

Hacer televisión es caro y existe una masa crítica de coste y de ingresos para que el negocio pueda funcionar y competir con la oferta existente. Tribo TV pretende generar una audiencia relevante, emitiendo a través de frecuencias locales y compitiendo no solo con una oferta televisiva multimillonaria sino contra Youtube. En el primer caso, sencillamente me parece que, sus contenidos son muy pobres para aparecer en este medio y resistir la comparación con cualquier programa tradicional. En el segundo caso, como hemos dicho antes, resulta difícil imaginar por qué alguien quiere ver lo que pone Tribo TV, cuando lo decida su programador, teniendo eso mismo en Youtube cuando quiera, y además miles de millones de horas más.


Particularmente, creo que Tribo TV es una de esas ideas que aparentan ser buenas en un powerpoint pero cuya materialización exitosa resulta poco verosímil. En cualquier caso, criticar las ideas de otro es mucho más fácil que tenerlas y ponerlas en práctica, así que desde aquí quiero manifestar todo mi respeto por esta iniciativa y mi deseo de equivocarme en el análisis que acabo de realizar. Aunque la verdad, me sorprendería.


jueves, 20 de febrero de 2014

WhatsApp, la gran oferta americana

Llevo usando WhatsApp casi dos años y jamás he pagado ni un euro por ello. Siempre me avisan de que, en la próxima renovación del servicio, tendré que abonar no sé cuántos centavos de dólar por un año más de uso. Minucias, es verdad. El caso es que, cuando llega el momento, vuelven a renovármelo sin cargo alguno. He de reconocer que, cuando lo instalé por primera vez pensé ¿dónde está el truco? Es posible que la culpa de que yo sea tan mal pensado resida en el abuso habitual al que nos tienen acostumbrados algunas compañías de suministros. El caso es que si yo no pago, supongo que otros tampoco. Y como tampoco veo publicidad en WhatsApp, me pregunto: ¿de dónde saca esta empresa los ingresos para sobrevivir? ¿Hay algún modelo de negocio detrás de la compañía que ha destruido el millonario negocio (por llamar de alguna manera a semejante sacacuartos) de los SMS?

Ayer, Facebook, la red que ha ayudado a convertir la vida privada de la gente en un álbum de cromos (y que cotiza en el NASDAQ desde hace unos meses), realizó una oferta por WhatsApp de esas que pueden provocar peligrosas subidas de tensión arterial, poniendo encima de la mesa la friolera de 16.000 millones de dólares (ver nota de la compañía). Bueno, los puristas podrán decir que 12.000 de esos millones son “papelitos” (acciones) de Facebook, que se pagarán mediante un intercambio accionarial. De acuerdo. Los otros 4.000 millones (¡cuatromil!) son billetes verdes con el retrato de Benjamin Franklin (In God We Trust!). Además, los accionistas de WhatsApp tendrán un plan de acciones durante cuatro años valorado en otros 3.000 millones. Y todo por una empresa que jamás me ha cobrado un centavo de dólar en dos años y que no me enseña publicidad. Ahora sí… ¿dónde demonios está el truco?

¿MANIOBRA DEFENSIVA O EVOLUCIÓN NATURAL?

WhatsApp ha alcanzado hasta ayer la impresionante cifra de 450 millones de clientes y suma un millón más cada día. Toda una empresa global cuyo volumen de mensajes equivale ya a todo el volumen mundial de SMS que aún siguen cruzándose los despistados que no han sido evangelizados todavía a la cultura del gratis (por el momento) total. A todo ello hay que sumar ahora los más de mil millones de usuarios de Facebook (de acuerdo, restando la intersección entre ambos conjuntos). El caso es que, haciendo un número rápido, Facebook ha pagado unos 36 dólares por usuario registrado en WhatsApp. ¿Tiene sentido?

Desde luego, si de hacer números se trata, es difícil buscar referencias. Desde un punto de vista económico, con los datos actuales, parece imposible plantear un caso de retorno de la inversión por el simple hecho de que WhatsApp no dispone de modelo de negocio alguno. Quizá todos recordemos cuando las telecos nos llegaron a cobrar unos 25 céntimos por SMS enviado, pero tampoco es referencia porque ese mercado está muerto (lo ha matado WhatsApp) y aunque la propia empresa intentara virar hacia un modelo similar, de volver a cobrarnos por mensaje enviado, no faltarían imitadores (ya los hay, con cierto éxito) que volverían a dinamitar el modelo. La pregunta es evidente: ¿en qué se convertirá ahora WhatsApp y cuál será la manera elegida por Facebook para extraer el valor de esta inversión?

El tiempo pasa muy rápido en este nuevo bravo mundo digital, pero podemos recordar un caso muy similar cuando, a finales de 2006, la todopoderosa Google adquirió una empresa que había inventado un nuevo modo de intercambiarse vídeos en la red, llamada Youtube, por la que pagó lo que entonces se consideró una cifra astronómica y difícil de justificar: 1.650 millones de dólares (apenas un 10% de la oferta de ayer). Como en el caso de WhatsApp, Youtube carecía de modelo de negocio: ni cobraba por los vídeos ni enseñaba publicidad. Muchos analistas dudaron entonces de que el modelo de publicidad contextual que Google explotaba con gran éxito fuera extrapolable a Youtube. Se equivocaron.

Particularmente creo que Facebook ha sabido interpretar los indicios de que su red, basada en un tipo de comunicación no instantánea, está perdiendo frescura y atractivo para nuevos consumidores a favor de otras soluciones que ofrecen inmediatez e, incluso, fugacidad, como Twitter o el propio WhatsApp. Es también muy posible que Facebook haya valorado la importancia estratégica de poder disponer de una base de datos que acumula 450 millones de números de teléfono.

A día de hoy, la capitalización de Facebook alcanza los 173.000 millones de dólares. Es decir, que ha pagado un 10% de su valor actual por hacerse con una red con la mitad de usuarios, gran crecimiento esperado y que cubre muy bien su flanco más  débil. Y es que la guerra de este nuevo mundo digital tiene mucho más que ver (como demostró Google con Youtube) con la visión de futuro que con lo que las cosas son en este momento.

Mientras tanto, no puedo evitar fantasear con los whatsapps que se enviarían los fundadores de la aplicación cuando consiguieron cerrar la operación.

Con esto harán una película. Ya lo verán.